martes, 3 de enero de 2017

LOS MEJORES DISCOS MUNDANOS 2016. PARTE 2 (11-0)

Ahora sí con nuestros once discos favoritos del 2016 del panorama mundano, ponemos punto final a nuestro recuento anual. Resaltar que en lo que se refiere a conciertos internacionales, que disfrutamos de dos shows espectaculares, a nuestro gusto el mejor fue el de Julia Holter, por su magia y entrega sobre el escenario, además de verla cerquísima a nuestra estrella, perdiéndose con su voz por parajes que solo ella sabe, causando en nosotros sensaciones extraordinarias. La segunda visita de New Order, también nos encantó por la cohesión y sonido demostrado por la banda, además de sonar más que convincentes los temas de su último álbum y las reinvenciones para sus viejos clásicos como “Bizarre Love Triangle”. La pena, no gozar de Iggy Pop, una y otra vez, gracias bendita “chamba” por hacerme trabajar un feriado.
En estas dos entregas hemos agrupado, nuestros discos predilectos, lo recalcamos, los que nos resultaron fascinantes, subrayando que el balance 2016 es que ha sido un año “chato”. Esperamos que el 2017 sea totalmente diferente, por lo pronto el auspicioso disco de Brian Eno, y los ya anunciados álbumes de The XX, Los Campesinos!, The Magnetic Fields, The Jesus & Mary Chain, Depeche Mode, entre otros, renuevan la esperanza. 

11.
THE GLOWING MAN
SWANS
Young God Records
Tan caído ha estado este año que el disco más bajo de Swans desde su regreso, ocupa un lugar privilegio en esta lista, y no porque se trate un mal álbum, todo lo contrario, pero no está al nivel superlativo de sus apoteósicas producciones anteriores, léase To Be Kind (2014) o The Seer (2012).
En The Glowing Man, tenemos más de lo que Swans nos tiene acostumbrados en sus últimas entregas, es decir, temas prolongadísimos como “Clouding of Unknowing” y “The Glowing Man”, 25 y 28 minutos respectivamente. Ambientes catastróficos, caóticos y paranoicos, viajes sonoros desde infiernos terrestres hasta los de inframundo, a veces pasando por el limbo o el purgatorio, son las que nos hacen padecer (o mejor dicho gozar) el perverso (y veterano) Michael Gira y sus secuaces. Que en está ocasión contó con la participación especial de Jennifer Gira, esposa de Michael, para hacer dúo con él en la intrigante “When Will I Return?” y los asombrosos ambientes de “Finally, Peace”, el onírico cierre del disco, claro que al estilo Swans.  
En la pieza inicial, la sombría  “Cloud Of Forgetting”, lentamente nos conduce por sus siniestros ambientes, hasta ser acosados por un enjambre de guitarras. Lo tétrico reina en “Clounding of Unknowing”, la monstruosa tensión de “The World looks Red/The World Looks Black”, los parajes y canto lóbrego de Gira en “People Like Us”, los ambientes malignos reproducidos por teclados espaciales en “Frankie M” yendo hacia la esquizofrenia sonora para luego calmarse y tomar impulso para regresar al caos.
Swans a pesar de repetir la fórmula, nos sigue fascinando con la instrumentación trastornada de sus músicos, los estallidos sonoros que nos arremeten sin clemencia y esas ambientaciones dominadas por la oscuridad, tan cautivadoras a pesar de su casi dos horas de duración que nos ofrecen en The Glowing Man, en donde hay que tomar el viaje sin escalas, completo para poder disfrutarlo. 


10.
THE WILDERNESS
EXPLOSIONS IN THE SKY
Bella Union
Luego de cinco años sin lanzar discos como banda, pero dedicándose a producir música para películas, la banda de Texas nos entregan su octavo álbum. Los liderados por Munaf Rayani tomando trazos shoegaze, ambient, etéreos y post-rock siguen creando paisajes sonoros de ensueño, pero en esta ocasión con un sonido más orgánico, con un gran trabajo de batería y guitarras, logrando que su música suene espectacular, más compacta y maciza.  
A partir de un ondulante loop, se asoman diversas progresiones sonoras en la onírica “The Wilderness”, crescendos que marchan hasta envolvernos. Luego en “The Ecstatics” sus saturados loops, golpes sintéticos, sonidos que emulan palmas y resonantes riffs, nos produce esa emocionante sensación de estar ascendiendo sobre las alturas. En “Tangle Formations”, con sus teclados propulsivos y batería galopante, recrean ambientes mágicos.
En “Logic of a Dream”, como lo sugiere su nombre, se suceden diferentes ambientaciones propias de las diversas etapas de un sueño, sus iniciales cuerdas acústicas no nos harán sospechar lo que seguirá…una ensordecedora incursión de teclados disonantes, redobles atronadores y sonidos de voces perturbadoras, dispuestas a sacudir nuestros sentidos, para luego evaporarse y mutar hacia unos encantadores arpegios (de ¿charango?) prosiguiendo esas terroríficas voces y sonidos de fondo, que con sus atmosféricos teclados siembran ambientes misteriosos, deformándose para convertirse en el preludio de “Desintegration Anxiety”, cuyos arreglos de cuerda y bajo se encargan de crear tensos parajes que luego girarán hacia sonidos más rítmicos, dejando su huella el bajo a lo Joy Division, acompañado de veloces programaciones.
Atronadores "drones" secuestran el ambiente de “Losing The Light”, sobresaliendo gélidos toque de pianos, transportándonos hacia paisajes glaciales. La base rítmica que impulsa la batería en “Infinite Orbit”, resulta adictiva, transformándose  en una vía para que surjan nostálgicas melodías. Sonoridades shoegaze-ambient surgen progresivamente hasta crear sonidos compactos en “Color In Space”, que se unirán una sola capa de distorsión y producir sensaciones aterradoras, como si estamos en un avión a punto de estrellarse. Mientras que bellas resonancias logran adormecernos en “Landing Cliffs”, otorgándonos momentos para la reflexión.
Wilderness es un viaje por parajes gélidos,  montañosos e inhóspitos, con preludios que nos aletargan pero que poco a poco nos van elevando hasta que sin darnos cuenta estamos en la cima, para luego emprender el retorno, gracias a sus piezas de trazos ambient, pos-rock y algunas veces shoegaze. Un disco de ensueño. 



9.
JESU/SUN KIL MOON
Caldo Verde/Rough Trade
Mark Kozelek, Sun Kil Moon y Justin Broadrick, Jesu (ex Godflesh), fusionan sus estilos para entregarnos esta joya, donde aflora un inspirado Kozelek, con sus composiciones y amargo canto, cuyo estilos post-grunge, post-rock, folk, se combinan a la perfección con sus ya consabidos e interminables relatos, con algunos títulos plenos de ironía y sarcasmo, mientras que Jesu, ofrece su versátil destreza sonora, poniendo lo que conviene a cada pieza, por ratos sonidos ruines, synths minimalistas en otros y hasta ambient music.
La química entre Kozelek y Broadrick surge de su amistad y admiración hacia sus respectivos trabajos, Kozelek a través de su sello Caldo Verde, lanzó el álbum de Jesu, Opiate Sun (2009) y ha mencionado su nombre en la canción “The Possum” (2013). Este proyecto también contó con el aporte de los esposos Sparhawk de Low, Rachel Goswell de Slowdive y Steve Schelly, batería de los extintos Sonic Youth. 
Las corrugadas guitarras de “Good Morning My Love”, pieza dividida en dos parte, una más lenta y la segunda más pesada y amarga, con ascendentes teclados de acompañamiento, constituye un arranque genial. Sigue la abrasiva “Carondelet”, con unas ruinosas guitarras, que lucen estupendas. Las nostálgicas líneas de synth mezclándose con distorsiones en “A Song Of Shadows”, crean una pieza fabulosa y una trilogía divina para comenzar. En “Last Night I Rocked The Room Like Elvis And Had Them Laughing Like Richard Pryor” prosigue la misma fórmula emprendida con los synths, pero está vez juntándose con finas cuerdas y una secuencia de percusión digital, que se sucederán una y otra vez de manera hipnótica hasta su final (debe ser de lo más inédito que haya presentado Kozelek en su carrera).
En “Fragile” retorna a su clásico estilo, el de cantautor, solitario con su guitarra acústica, aunque por ahí aparece uno que otro arreglo sintético. Nuevamente los synths se hacen presente, pero de magnitudes atmosféricas en la melancólica “Father’s Day”, teniendo a la secuencia percusión de una caja de ritmo como socia. Las distorsiones vuelven a asaltarnos en la visceral “Sally”. Ligeras guitarras shoegaze se incrustan en “America’s Most Wanted Mark Kozelek And John Dillinger”, mientras que las introspectivas cuerdas de la arriesgada “Exodus”, ensayan largos minutos de susurrante experimentación. Continúa la atmósfera gaseosa de “Beatiful You”, casi dramática, de conmovedores sonidos y sensaciones, a pesar de sus 15 minutos de duración, poniendo un magistral fin. 
Tal como en Benji (2014), la hiciste de nuevo Kozelek, conquistarnos con tu estilo agridulce, pero en esta ocasión sus crujientes guitarras encuentran en los tiernos y enrarecidos sintetizadores de Jesu, al aliado ideal de su renovado sonido. 



8.
THE HOPE SIX DEMOLITION PROJECT
PJ HARVEY
Precedida de su estadía por Afganistán, Washington y Kosovo, y plasmándola  en su crónica lírica y visual, “El Hueco En La Mano”, Polly Jean hace su retorno triunfal, concentrando su mensaje en la protesta contra los principales problemas que acosan al planeta, sobre una base musical extraordinaria.   
El contagioso ritmo de “The Community of Hope”, puede resultar engañoso pues contiene una amarga crítica contra Washington DC. En estado hipnótico nos dejan los ruidosos trastes y certeros golpes de bombo en “The Ministry Of Defence”, como para ir replicando su agitador coro.  
La atmósfera ensoñadora de “A Line in The Sand”, con la dulce voz de Polly Jean en todo lo alto y la base rítmica impuesta por una “artesanal” percusión, resultan suculentas. Un acompañamiento de percusión marcial y el intento por ensayar un denso blues, en “Chain of Keys”, se muestran como otra pista para el canto al unísono. En “River Anacostia” sobre una etérea marcha, la atmosférica voz de PJ se desliza y luego se incorporan un órgano de iglesia y coro, luciendo por momentos espectral. Nuevamente un canto coral se exhibe en “Near The Memorials To Vietnam And Lincoln”, pieza cuasi "gospel".  
Otros surcos interesantes del disco son “The Ministry of Social Affairs”, donde los bizarros arreglos de saxofón se llevan las palmas, así como las crudas guitarras y saxo de “The Wheel”, y el jazz etéreo de “Dollar, Dollar”. PJ Harvey ha retornado señores.  



7.
YOU WANT IT DARKER
LEONARD COHEN
Columbia/Sony
La participación del coro de una sinagoga, de voces fúnebres, en la pieza que da título al álbum, parecía ya dar atisbo de lo que dos semanas más tarde sucedería con el maestro canadiense. Desde su enigmático inicio You Want It Darker  se perfilaba como la mejor de sus últimas producciones. Y efectivamente, puso el perfecto colofón a su impecable carrera musical.
La nostálgica “Treaty”, el aura "soul" de “On The Level” poniendo algo de color en medio de un universo sonoro de tintes grises, el resonante bajo de “The Leaving Table”, penetrando en medio de la instrumentación acústica, los tiernos arreglos de violín y buzuki en “Traveling Light”, de rangos majestuosos. La repetida intervención del mortuorio coro en  la misteriosa y melancólica “It Seemed the Better Way” conmoviendo con su finísimo violín.  El peculiar juego de cuerdas de “Steer Your Way”, la más “acelerada” del disco y el apasionante solo de violín del “String Reprise/Treaty”, dando pase a las últimas palabras de Cohen, que resultan desgarradoras, quedan como testimonio de la magnífica obra de arte que nos dejó y de lo máximo que pudo dar dentro de su avanza edad y maltrecho estado de salud, pues ya no era un Cohen cantando, sino susurrando y recitando, pero de una manera sorprendentemente sombría.  
La espiritualidad esbozada por Cohen en su elegíaco álbum se resume en una de las frases de su tema inicial: “estoy listo mi Señor”.  



6.
THE WAITING ROOM
TINDERSTICKS
City slang
Música enigmática pero de una profundidad que asombra, es la que produce el legendario quinteto británico, teniendo a la inconfundible y cautivadora voz de barítono de Stuart A. Staples, como su sello distintivo, además de dar gala de su sofisticado y ecléctico sonido, sostenido por experimentales y elegantes orquestaciones, dale una escuchada a la jazzística o afrobeat “Help Youself” para que lo compruebes o el doloroso relato de “Were We Once Lovers?” con sus fascinantes sonoridades.
El  mágico xilofón de “Hey Lucinda” crea una pieza sublime, donde “resucitan” a su autora, la americana-mexicana Lhasa De Sela, quien dejo el tema antes de morir en 2010, y que gracias a la tecnología logran conformar un dúo de voces con la de Staples. Resaltar también el clarinete de Julian Siegel y los arreglos de cuerda y saxo para el tema. La etérea instrumentación de “This Fear of Emptiness”, resulta conmovedora, otra pista genial.  
Las misteriosas cuerdas y percusiones de la lóbrega “We Are Dreamers”, crean una oscura atmósfera que nos atrapa, sucediéndose en medio de ella las voces de Staples y Jenny Beth, la cantante de Savages, otro episodio vibrante de esta obra, o esa solitaria armónica de la inicial “Follow Me” transportándonos de inmediato al mágico mundo sonoro que ensaya la banda. 
El delicado spoken word de Staples en la pausada “How He Entered”, la sombría “Second Chance Man” y la reflexiva “The Waiting Room” son otros muestras de la genialidad que poseen estos tipos para crear música exquisita.  



5.
NIGHT THOUGHTS
SUEDE
¿Qué podía hacer Suede luego de un retorno tan triunfal como Bloodsports? ¿Apostar por la experimentación y correrse el riesgo de lanzar otro A New Morning o Head Music a estas alturas? lógicamente que no, pero sí cambiar el patrón en el modelo de composición, los músicos crearían primero las melodías y luego Brett se encargaría de colocarle líricas. Un paso razonable que les permitiría conservar su credibilidad sin tomarse muchos riesgos.
Aunque se cambió de metodología compositiva, el álbum se exhibe como una continuación del camino trazado para Bloodsports (2013), además de emplear algunos elementos éxitos del pasado, como sus guitarras glam y melodías pop, los resultados son auspiciosos para una banda que se daba por muerta tras su regreso.
Suede le añadiría un plus a su producción, acompañarla de un film, que ilustra cada una de las pistas del álbum y a sus ya consabidas líricas plagadas de desamor, Brett le incrementaría sus temores por la paternidad asumida. Es así que la grandilocuente orquestación de la obertura para “When You Are Young” suena majestuosa, emocionante, tan amplia como el mar que se observa en su respectivo video. El ritmo avasallador que impone el bajo y la batería en “Outsaiders”  es ¡ESPECTACULAR!, generando una marcha in crescendo para que sobresalga la melodramática voz de Brett Anderson, el gancho perfecto para conquistar al suedemaniaco.  Pegadita nomás, se unen las filosas guitarras de la melódica  “No Tomorrow”, logrando una trilogía de ensueño, realmente contundente.
La melodramática “Pale Snow” de rasgos oníricos, entusiasma pero se desvanece rápidamente, para seguir “I don’t Know How Reach You”, cuyas cortantes guitarras resultan embriagadoras. Luego la melosa melodía de “What I’m Trying To Tell You” nos encandila pero después nos arrojará hacia la melancólica y sufrida “Tightrope”. 
Ambientes más emotivos se suceden en “Learning To Be”, continuando los chirridos de guitarras glam en “Like Kids”, para luego revolcarnos nuevamente con sus sonoridades melodramáticas en “I Can´t Give Her She What She Wants”  y el reprise “When You Were Young”. 
Suede lo volvió hacer, seguir emocionándonos y de paso convencernos que siguen vigentes. 



4.
SALVE DISCORDIA
TRIANGULO DE AMOR BIZARRO
Mushroom Pillow
Lo que hacen ahora los españoles no tienen nada que ver con New Order  (en el pasado quizás sí y con Joy Division también), si lo que tratabas era inferir algo por su nombre, todo lo contrario, se comportan como los mejores descendientes del ruidismo más brutal o descomunal de Sonic Youth o agridulce de The Jesus & Mary Chain, por el lado pop ¿a quién podemos podríamos señalar? Bueno dejémoslo ahí. Pero es lo que sentencian en su quinto álbum.
Música del fin del mundo, anarquismo sonoro, ruido, ritmos caóticos, noise-pop, como si sintieras que la muerte está en tu puerta y lo único que te queda es hacer lo que más te gusta, bailar y darte pogos contra la pared hasta que ésta te llegue. En todo caso, son sensaciones que inspira este abrasivo disco, de lejos el mejor de los españoles.
La ferocidad emprendida para este álbum, viene de a pocos, a fuego lento. “Desmadre Estigio” inicia con unos progresivos riffs, que lucen pausados (cuasi reggae) y psicodélicos punteos, además del desenfadado canto de Rodrigo Caamaño, que te van preparando para el verdadero desmadre en que se convertirá la ruidosa pieza, para luego retornar a su aletargado ritmo. Pero “Gallo Negro Se Levanta” nos agarra del cuello y de inmediato nos golpea sin piedad, donde sus retorcidas distorsiones resultan incendiarias.
El ruido melódico de “Barca Quemada”, nos lleva con todo a su universo anarco. Luego la pop “Seguidores” es todo un dulce psicótico, que termina disparando ruido a mansalva, merced a sus filosas guitarras. El imponente ritmo noise-pop-shoegaze de “Baila Sumeria”, edulcorado por la cándida voz de su bajista Isabel Cea es fantástico, caótico hedonismo que se prolongará con “Cómo Encontró a la Diosa”, una aplanadora sonora, imposible de resistirse a su frenesí. “Qué Hizo por Ella Cuando la Encontró”, es otra melódica pieza de influencias Jesus & Mary Chain. 
La recta final del álbum se gestará con la veloz “Nuestro Siglo Fnord”. Luego los ritmos atronadores de “Euromaquía” resultarán asfixiantes, pura anarquía sonora proclamando que “Europa es una zorra”. Sin aliento y sin descanso nos coge “Luz Del Alba”, otra metralleta sonora, ¡qué tal infierno de baile por mi madre! La lacerante sonoridad in crescendo de “O Salve Eris”, donde acoples, chirridos, cuerdas lo-fi y feedbacks, suenan de fondo, van haciendo añicos nuestros sentidos hasta que la batería emprenderá vuelo y los teclados se tornarán dementes. Punto a parte para el trabajo de Rafael Mallo en la batería, sencillamente sensacional en toda la placa. 
Es imposible que permanezcas quieto mientras escuchas esta obra maestra, que algunos la podrán acusar de revival y lo que quieras, pero no negarás que se trata de un disco perfecto.  


3.
BLACKSTAR
DAVID BOWIE
Columbia/Sony
Según su productor Tony Visconti la muerte de David Bowie fue su obra de arte y este disco la anticipó. Blackstar se convierte en una inducción hacia su cosmovisión sonora e influencias (folk, soul, industrial, trip-hop, pop, hip-hop, jungle y un largo etcétera de estilos desarrollados) teniendo en el fre-jazz su punto de apoyo, sonando por momentos enigmático, espontáneo y muy emotivo.
Su pieza homónima es una verdadera obra de arte elegíaca de dos actos, entre lo sombrío y lo retorcidamente triste. La enajenación de “Tis a Pity she Was a Shore”, en parte por su áspero saxofón, es delirante. La apesadumbrada “Lazarus”, las oscuras secuencias de percusión sembrando una atmósfera lóbrega en “Sue(Or In a Season Of Crime)”, recordándonos al tenebroso Outside (1995), resulta genial, así como los senderos siniestros de la espectral “Girl Love Me”. El denso jazz de “Dollars Day”, de rangos siderales, y las melodías serenas de “I Can’t Give Everything Away”, son las piezas que en su conjunto sonorizan ambientes claustrofóbicos e introspectivos.
Sin duda este álbum simboliza mucho (y conmueve), pues se trata de un gesto más que ennoblecer del “camelón” para sus fans, el de gestar este disco en medio de su deteriorado estado de salud, y entregárnoslo como broche de oro de su carrera musical. ¡Vida eterna al gran duque blanco!     


2.
Blood Bitch             
Jenny Hval
El 2014, fui cautivado por un disco distinto, peculiar y hasta raro, inspirado en animales mitológicos, “Meshes of Voice" de la noruega Jenny Hval, en colaboración con Susanna Wallumrød,  entre lo mejor de ese año; las vicisitudes de la vida y el ajetreo mundanal, hizo que me olvidara de la nórdica por buen tiempo, hasta que recibí con júbilo la noticia de este nuevo álbum, regocijo que se amplió tras la escucha completa del mismo. 
Blood Bitch te captura de inmediato, la madurez expuesta por la artista es loable, su sonoridad vanguardista, iniciada casi al instante de terminar su trabajo anterior, el también elogiado “Apocalypse, girl” (2015), resulta majestuosa. La versatilidad de la compositora es impresionante, tomemos en cuenta su bagaje musical: se inició en una banda de metal gótico Shellyz Raven, estudió composición y performance en la Universidad de Melbourne en Australia, siendo parte de otros grupos durante su estadía por esos lares y a lo largo de su trayectoria, su música ha oscilado entre el avant-garde, el art-pop, la electrónica y el folk experimental.
Pero vayamos a su álbum, donde la nebulosa “Ritual Awakening”, nos introduce hacia ambientes densos y siniestros, los atmosféricos golpes de teclado de “Female Vampire”, aunándose a la etérea interpretación de Hval, con bocinas y percusiones que aceleran paso a paso el ritmo, consiguen una increíble pieza sonora, imposible de arrancarla de la memoria. Continúan los incansables y perturbadores gemidos (como escapando del horror) de Hval, que transitan sobre ligeras líneas de sythns a lo largo de “In The Red”. El susurrante parlamento de Hval sobre vaporosos teclados en “Untamed Region”, ambientes que se vuelven más luminosos en “The Great Undressing”, hasta algo galopantes gracias a su ligeras sonoridades cibernéticas. Las delicadas cajas de ritmos, inaudibles interferencias, volátiles teclados  giran en torno a la voz de la Hval, elevándonos por los aires en “Period Piece”.
“The Plague” nos conquista con sus percusiones tribales, irrumpidas por alterados teclados, y un monólogo, pedazos de diferentes grabaciones, retornando otra vez la voz sobre teclados gravitacionales, alternándose con audios, cual cambio de dial radial, sucediéndose gritos orates, dejándonos en el desconcierto, el tema más complejo y chocante del trabajo. El ensueño retorna con la dulce “Secret Touch”, de magnético sonido precario y percusiones atmosféricas. La tensa y enigmática “Lorna”, pone el broche de oro a este discazo, de teclados graves y sonidos computarizados transitando cíclicamente hasta esfumarse.   



1.
SKELETON TREE
NICK CAVE & THE BAD SEEDS
Bad Seed Ldt
Si bien parte de la influencia de este disco recae en la trágica muerte del adolescente hijo del crooner del infierno, su gemelo Arthur  y el luto de la portada así lo evidencia, la exploración de Nick Cave y Warren Ellis por las sonoridades sombrías y penosas aquí presentadas, ya se veían venir desde su anterior trabajo, con cortes como “Water’s Edge”, la dramática “Push The Away Sky”  o los experimentales y exclusivos  bonus tracks “Needle Boy" y "Lightning Bolts", que acompañan la edición de lujo.                                           .
Skeleton Tree, es la conclusión de la odisea sónica emprendida por la pareja creativa años atrás en su búsqueda por tomar nuevos aires. En esta oportunidad además de cantar, Nick narra, sus relatos con mayor y sentida profundidad, en donde también se quiebra y se muestra frágil como en “Girl In Ambar”.
El lóbrego arranque de la siniestra “Jesus Alone”, no puede ser más gris y aterradora, la lúgubre voz de Cave en medio de la oscuridad acompañada por sinfónicos arreglos de cuerda son misteriosos. El vaporoso ambient de “Rings Of Saturn”, incluyendo su espectral percusión, sabe enigmático. La misteriosa atmósfera de “Magneto”, resulta intrigante y adictiva. Mientras que la amenazadora secuencia de percusión inicial de “Anthrocene”, y sus teclados y arreglos borrascosos que se dejan escuchar de fondo, crean tensas, ambientaciones, ligeramente caóticas y delirantes. El sideral y resplandeciente synth de Ellis para “I Need You”, es sobrecogedor además de la estoica interpretación de Nick. Los espaciales teclados derrochando añoranza, además de la participación vocal de la soprano noruega Else Torp concibe uno de los momentos cumbres del disco en la paisajista “Distant Sky”, sobre una base de ambient music. Concluyendo con la nostálgica “Skeleton Tree”, tema que inspira resignación  y  esperanza en medio de un valle penumbroso, otra belleza de la obra.
Meritorio lo de Cave, sobreponerse a un momento doloroso para tomar valor y seguir adelante, rápidamente, terminando de labrar con la maestría que lo caracteriza un álbum maravilloso, compuesto por extraordinarias piezas. Solo él podía darle forma a una suma de sentimientos encontrados y convertirla en una perfecta obra de arte.