viernes, 23 de diciembre de 2016

LOS MEJORES DISCOS PERUANOS 2016. PARTE 3 (20-11)

En esta ocasión el “floro” lo dejamos para el episodio final, pues el tiempo apremia, así que continuemos con la lista…
20.  
COMIENZOS DE OTOÑO
WAY 98
La Flor Records/Crane Records
Aunque sus jóvenes integrantes definen como post-rock, al estilo que desarrollan, la primera impresión que uno se lleva tras oír la melancólica “Comienzos de Otoño”, la mejor pieza del disco, es que su música está más orientada dentro del “slow-core” o “sad-core”, trayéndonos a la mente a los fabulosos Low, pero los siguientes temas confirmarán lo señalado por los músicos. 
Ocho cortes instrumentales que se caracterizan por sus inicios pausados, como si el trío conformado Estefano Díaz (guitarras) Leandro Padilla (bajo) y Gustavo Ampuero (batería), que por cierto hay que destacar su intachable ejecución, parecieran tomar aliento e impulso para posteriormente iniciar la explosión sonora y esparcirla por los aires, cuyas distorsiones juegan un rol fundamental. 
Así lo certifica por ejemplo la pausada pero melódica introducción de “Dreaming” que mutará hacia ensordecedoras guitarras y baterías, o los punteos iniciales de “¿A Dónde Fue el Rock?”, transformándose en una avalancha de guitarrazos y baquetazos, de la misma forma “Silence”. Asimismo “Troin” aunque sus guitarras emprenden una descarga de guitarras shoegazing. Las nostálgicas cuerdas de “El Último que Cayó en Pié” y el corrosivo pop-rock de “Por Todas las Veces que ne Dejastes”, son otros momento rescatables del disco
Comienzos de Otoño, es como la estación en mención, por momentos luce sombrío y otras veces luminoso, ambientando paisajes entre la añoranza y la esperanza.     


19.
VIDA EN MARTE
El Hombre del Espacio, Herber Paredes (guitarra y voz), se manda con un disco artesanal, concebido de manera  autogestionaria (ilustración de tapa a lapicero), con hartas ganas y desenfado, para su debut en solitario, donde las guitarras suenan más corrosivas, ruidosas y low-fi con respecto a su aventura grupal.  Es así que podemos encontrar varias piezas infestadas por feedbacks, acoples, chirridos y otros ruidos lacerantes a los nervios.
De arranque el “noise” melódico de “Fiesta en la Playa”, nos embelesa con sus  corrugadas distorsiones,  chirriantes punteos y saturaciones, genial arranque para el plástico. La bullera “Díaas Extraños” (no hay error ortográfico, así la tituló su autor), evoca al pop más ruidoso de The Jesus And Mary Chain o My Bloody Valentine, entre lo infernal y angelical, demás está decir que la guitarra de Paredes también exhibe influencias Sonic Youth a lo largo de su obra. Si bien en la lánguida “Un día antes del fin” se reduce el ruido, la estética low-fi y minimalista de la música de Paredes, permanece intacta y proseguirá en la melódica y amonestadora “Sueños Frágil de Cristal”.
El guitarreo acelerado pero “calato” de “Días, días, días y más días”, es interrumpido por redobles de percusión y una explosiva distorsión, aunándose a la marcha tambores, guitarras y distorsiones, que se vuelven galopantes y avasalladores, por instantes ensordecedores. Las cuerdas acústicas de “Fábrica de Falsas Memorias” se encargan de crear ambientes introspectivos, mientras que en la experimental “Coca Cola (instrumental)”,  donde folk, ambient y flirteo con lo vernacular, confluyen naturalmente, pone fin a este trabajo. 


18.
VENENO
SEGUNDO INFINITO
Ocho melódicos temas de fino pop rock bajo una atmósfera post-punk-new wave embargada por la melancolía, son los que forman parte de este atractivo debut de la banda integrada por Omar Candela (Voz) Arturo Yaipén (Guitarras) Juan Jiménez (Batería) y Pedro García (Bajo), contando con la participación de los músicos Jack Bastante (Violáceo y Líquida), Andrés Abugattas (Olaya Sound System) y Gustavo Neyra en la producción.  
Desde el saque, “Obsesión”, con su sutil “intro” edificada por una atmosférica caja de ritmos y empalagosos guiños de teclados, seguido por cuerdas orientales, con “chorus” y “delay” de por medio, nos deja en claro el ambiente post-punk y new wave que propone la banda, sin pretender sonar “revival” o “vintage”, sino ir construyendo sobre las bases de éstas su propio estilo, demostrando a lo largo del disco toda su versatilidad. “Al Olvido” con sus guitarras y teclados espaciales reproduciendo ambientes dramáticos, es otra pista que logra hipnotizarnos de inmediato. Nuevamente las cuerdas asumen un rol protagónico en el tema que da título al álbum, que tras un comienzo enigmático y ondulante, su curso de torna más volátil.
“Cielo Azul”, con sus loops y bases electrónicas sobre las que se deslizan cíclicas guitarras, por momentos me recuerdan a “Orilla” de Dolores Delirio, mutando posteriormente hacia ambientes impregnados de dramatismo, merced a sus emocionantes teclados.
Otros temas a destacar son la siniestra “Herida”, cuyas lúgubres y reverberantes guitarras nos terminan “hechizando”, además de retorcernos los sentidos, aunque sus altos de marcha resultan pocos convincentes, sus arreglos de cuerdas  y marcial percusión crean una atmósfera espeluznante y envolvente, y el romántico pop melódico de “El Otro Lado de Tu Mirada” pone el fin para este sorpresivo trabajo, destacando la labor de Arturo Yaipén, una guitarra como no la escuchaba en años, además de la melodiosa voz de Omar Candela, preciso en la entonación y dándole a cada tema la interpretación necesaria, resaltar también el trabajo de Gustavo Neyra, espectacular en la producción y seguramente el gran culpable de los geniales arreglos de teclados, efectos electrónicos y que este disco suene tan bien, perfilándose como un integrante más de la banda. 
Veneno es una grata sorpresa que para nada resulta tóxica, sino reconfortante, como para seguirles la pista a sus creadores. 


17.  
LA ÚLTIMA NOCHE SIN SENTIDO
LOS CIPRESES
Antonino Thorne (Guitarra y voz), Oswaldo González (Guitarra y voz) Bruno Meza (Batería) y Diego Díaz (Bajo) conforman Los Cipreses, aunque esta grabación casera fue realizada por los dos primeros integrantes, apelando a los instrumentos que buenamente pudieron reunir, sacan a relucir con creces su creatividad ante la escasez de recursos, en un ambiente donde ni ellos mismos podían escuchar lo que hacían.
Son solamente tres temas que bastan y sobran para darnos cuenta que estamos ante una interesantísima propuesta, que se inicia con la folclórica “Intro 001”, donde las cuerdas acústicas se unen con un punteo de guitarra, un palpitante bombo y onomatopéyicos coros para recrear una coqueta y pegadiza marcha, si bien muy precaria, pero llena de emotividad y chispa. La secuencia de una caja de ritmo traza el sendero por donde desfilara una distorsionada guitarra, armando una cautivadora pieza new wave, con orientaciones pop, “1996” es el título que recibe esta nostálgica pero explosiva pieza. 
“El noveno círculo” es otro gran tema, capturando desde el saque con sus finos punteos de guitarra acústica y su aura folk, bien entonado por su intenso bajo, los endiosados arreglos de teclados y el correcto canto de su interprete. Además resaltar su alucinante final con sonoridades enrarecidas de guitarras y teclados. Broche de oro para tremendo disco. Como dicen “de lo bueno poco”.       

PD. Los muchachos acaban de subir a su cuenta de bandcamp, un añejo material de hace 20 años, bajo el nombre de Nostalgia, que también recomendamos su audición, pues se tratan de temas tan valiosos como los que figuran en su reciente EP y nos dan una idea del trabajo realizado por la banda en el pasado. Aquí te lo dejamos. 


16.  
BANANA CHILD
EMPTY ROOM
La novel banda peruana de revival surf-rock conformada Franco Yangua (voz y guitarra), Santino Vega (voz y guitarra), Sergio Yangua (batería) y Diego Malaspina (bajo) nos entrega su primer álbum, un más que auspicioso debut plagado de cromáticas melodías, evocando relajantes postales playeras.
Aunque la inicial “Waves”, de rasgos indie-pop, con ciertos tintes Wild Nothing por ahí, nos puede llevar hacia otras latitudes sonoras, su atmósfera íntima y etérea resulta harto gratificante tras escuchar sus cálidos y coquetos punteos. También se salen algo del libreto “Bumpy”, con sus inaugurales punteos en clave “afro” que luego se entrelazan con melódicas guitarras y ligeros teclados, y la rítmica “Really Really Dance”, asomándose nuevamente esos rasgos “afro” en sus orígenes. Desde “Witty” hasta “Something Different”, pieza que resume a la perfección el manifiesto sónico de la banda, los Banana logran hacernos pasar un buen rato, al compás de sus carismáticos punteos, alegres bajos y propulsivas percusiones, logrando música colorida y encantadora, “respirándose” un ambiente sesentero, armónico, nuevaolero, de los baile “a-gogó”, de las matinales, imaginándonos a “Las cincodélicas” en plena danza. 
La correcta instrumentación de “Every Night Seems a New Morning” marca un punto alto de la producción y el sello distintivo de lo que muchachos quieren alcanzar. Resulta sorprendente que estos “jovenzuelos” que apenas llegan a los 20 años hayan podido absorber un estilo musical tan ajeno a su época, disfrutado quizás por sus abuelos, y el que ellos mismos hayan producido su material, mezclado y masterizado por Christian Vargas (Abrelatas, Teleférico). 



15.
I
CEMENTERIO INOCENTES
Estridentes, saturados, histriónicos y chillones en su sonido (también en su portada) en pos de transmitir sensaciones psicodélicas es lo que ensaya esta novel banda en su auspiciosa carta de presentación, titulada sencillamente “I”.  Y cuando hablamos de impresiones enajenadas nos referimos a que este álbum nació, según sus creadores, “a raíz de una epifanía lisérgica allá en el 2013”.    
El pop psicodélico que presenta la banda a lo largo del álbum, está bien cimentado sobre la bases de un cúmulo de impecables arreglos, de teclados, programaciones, guitarras, secuencias sino deténganse a escuchar con atención las pausas en “Somos Mundanos”, el maquinal beat y sinuoso teclado de “Infinito”, con sus efectivos riffs y esa mutación que experimenta hacia el progresivo o el interludio “Alma Terrenal” de experimentación instrumental, son aspectos que hablan de por sí del laborioso trabajo de producción emprendido por los músicos para pulir su obra.
Otros momentos interesantes del álbum, se exhiben en “Los Aviones” con su melódica guitarra y embelesador ritmo,  así como en “Voces Amarillas” con su cautivadora base rítmica inicial y sus efectivos riff y distorsiones que por momentos nos remiten a la genial “Ameba” de los Soda Stereo y ese giro que da la pieza hacia secuencias y programaciones mutando hacia un espectacular collage sonoro. También resultan atractivos los guiños ambient que se muestran en la experimental “Mutilados”, en “Un Saludo para el Carnero” donde guitarras, bajo y batería juegan con teclados y la electrónica, asemejando su sonoridad  a los Café Tacvba (paréntesis a parte, la voz de su cantante en varios episodios se parece a la de Rubén Albarrán) o los sintetizadores de “Resurrexión”, sobre los que se desplazan coquetas percusiones y riffs, o esa inconexa electrónica, guitarras y redobles de batería que emprenden un desquiciado viaje psicodélico en la terminal “Danza Makabra”. 
Finalmente resulta alentador, encontrar un proyecto tan arriesgado como éste, de verdadera experimentación pop, pocas veces probada en nuestra escena. Las palmas para el trío conformado por Abemir Malca (voces, guitarras y sintetizador), Bruno Sánchez (batería y percusiones), Rafael Benavides (guitarras) y Sonny Ledesma (bajo). Claro que hay excesos de voces chillonas e histriónicas o sonidos muy saturados, pero eso es parte de querer hacer algo distinto. 

     
14.  
LA VIDA, [ES] TRILCE.
KIMOX Feat. FFFF & r1ffm4n
Kimox es el nombre en el que se escuda el dúo experimental conformado por Fernanda Huamán (FFFF) y Javier Salinas (Riff Man) para dar rienda suelta a sus alucinaciones sonoras, con ese espíritu DIY y esa estética Lo-fi, tan propia de la escena independiente arequipeña, sin etiquetas musicales, sino explorando sin reparos por donde la inspiración les indique.
Según Salinas, r1ffm4n es un proyecto solista que comienza entre el 2009 -2010 y a decir de su impulsor, le “sirve para explorar y registrar muchas formas diferentes de entender la música”, mientras que Kimox, “es un trabajo colaborativo donde nos animamos (con Fernanda) a crear piezas un tanto melancólicas y un tanto esperanzadoras”, de ahí su sugerente arte de portada y título, y es así que bajo esos postulados podemos disfrutar de diferentes sonidos por donde transita la creatividad musical de Fernanda (también guitarrista de Alias La Gringa) y Javier, entre lo etéreo, ecléctico, noise y aún lo electrónico.
En la breve pero volátil “Intro”, impelida por vaporosos golpes de teclados y ligeros punteos de cuerdas, los músicos nos introducen a su imaginaria experimental. El sutil exotismo, emanado nuevamente de teclados y cuerdas acústicas de “Abiertoelmar” resulta acogedor, teniendo a la voz de Fernanda como principal atracción, delicadeza que es irrumpida por leves capas de interferencias. Los etéreos teclados de “Jaikü”   van confabulándose con una serie de ruidos “atmosféricos” para ir construyendo de a pocos una ambientación siniestra, demente y ensordecedora, de lo mejor del disco. “Antaitl (BMSR cover)” inicia como un jugueteo electrónico, que luego sucumbe ante una tristes cuerdas acústicas que se unen a secuencias y ligeros beats, otra joya del trabajo. En “Pájaro”, es el turno de Salinas para la interpretación vocal sobre una lóbrega instrumentación acústica, que posteriormente se ve ensimismada por una vorágine ruidista. Finalmente la ambient “Salida” pone el broche de oro para esta tremenda obra experimental. 


13.
INVIERNO
LA GARGANTA DEL CAIMÁN
Desde el populoso distrito de Villa María del Triunfo, el dúo integrado por Jesús Castro (Guitarras y Voz) y Roberto Castro (Bajo), quienes antes formaron la banda Frases Mudas, nos entregan un gran disco, de rudo sonido, donde sobresalen sus machacantes sonoridades rockeras, que suenan sucias y artesanales adrede, características que le dan un toque especial al álbum, además de utilizar una pista como batería, concibiendo una serie de temas salvajes pero para reventar el cuerpo a punta de baile y pogo.
Desde el saque las distorsionadas guitarras de “Dispárame” impulsan un corrosivo ritmo que ambientan una caótica danza, por esa senda ruidosa prosigue “Invierno” a pesar de sus teclados iniciales, corte de rasgos “noise-pop”. Prosigue “En un Viaje”, donde la intervención de Leandro Tomaselli en los teclados, le ofrecen ambientes siniestros al mismo y las envolventes distorsiones de Castro la tiñen de oscuridad, tentador para practicar un baile maldito, de pestífero rock’n’roll.
En la melódica “Peces (eléctrico)”, los Garganta nos trasmiten su melancolía por el desamor, pero sin dejar esa dosis de ruido tan vital en su obra. La intensidad aumenta en “Tus Balas”, con sus explosivos guitarrazos, siderales teclados, pujante bajo y retumbantes golpes de percusión, para luego mutar hacia una maciza marcha in crescendo y volver al estallido sónico, donde Jesús se desagarra conmovedoramente en el canto, realmente un estupendo tema, el mejor del disco.
El ruin sonido persiste con la pegajosa “Al Revés”, una versión tomada Los Feudales, con un vocalista que si bien no es un virtuoso, entusiasta su naturalidad y entrega en su interpretación. Más ambientaciones de anarquía sonora persisten en la asfixiante “Rompiendo Vidrio”, donde los tarolazos están dispuesto a rompernos los tímpanos. El tema contó con la participación de José Arbulú (Cementerio Club), logrando un emocionante juego de voces a dúo con Jesús Castro, sobre todo al gritar. “Peces” en su versión acústica, de atmósfera íntima y reflexiva, pone la calma ante la tempestad vivida durante el disco y también el final. 
Sin duda un gran disco el que descubrimos, que derrocha por todos lados rock hecho desde las tripas, con el corazón y poniendo toda el alma.

 
12.  
SONIDOS LIQUIDOS
PEQUEÑO INFINITO
Una impecable producción de descorazonada pero bella música es el resultado de la unión entre Elisa Tokeshi (Julieta Azul) y Carlo Barbacci (K.Lagan), tomando al folk como bandera, con limpias melodías embargadas por la nostalgia y por momentos creando ambientes espectrales.
El tema inicial, que pone título a la obra, reúne enigmáticas sonoridades emanada de los sintetizadores y sirve de perfecto preámbulo para alucinar con las galaxias mencionadas en “Canción Agridulce”, conducida por delicadas cuerdas acústicas, donde la voz de Tokeshi suena maravillosa, a pesar del desencanto que plantea su lírica. Luego los dulces arpegios de “El Consolador” resultan mágicos, ahora el turno vocal es para Barbacci, a cuya voz la tornan volátil y resonante, dándole ciertos rasgos etéreos al tema. El desconsolado canto de Elisa, teniendo a las cuerdas acústicas como sostén  y de fondo una serie de sonidos espectrales, crea la hermosísima “Geranio”, pieza que trae a la memoria los mejores parajes de July de Marissa Nadler.
La flotante voz de Tokeshi, sirve de perfecto preludio para “El Amor se Irá a Matarnos”. Los etéreos arreglos a los que someten la guitarra en “Beibi”, recrean una psicodélica pieza. “No Miren Atrás” presenta el momento más bizarro de la obra, por la tragicómica interpretación de Barbacci y los ambientes delirantes que recrea con la guitarra eléctrica. Los dulces punteos acústicos y las finas ambientaciones de fondo de “Ajena”, resultan estimulantes.  Las cuerdas acústicas de “Si”, nos distraen de las misteriosas sonoridades ensayadas de fondo, de igual manera en “Adiós”, solo que aquí toman por asalto al tema sobre su cierre.
Alentador debut del dúo, excelentes cantantes y músicos, además de un loable trabajo de producción, donde hay más de una sorpresa bajo las encantadores voces de sus intérpretes y las finas cuerdas acústicas, y que solo pueden ser descubiertas bajo una atenta escucha. Sonidos Líquidos es folk psicodélico, por ratos espectral y por otros, etéreo, pero siempre creando ambientes intrigantes y misteriosos, en donde siempre hay lugar para apreciar la belleza. Esperamos con ansias la aparición física de esta obra de arte.

      
11.  
DESCOMPOSICIONES
IONAXS
Chip-Musik
Tras el genial Anábasis (2014), Jorge Rivas, IonaxS, en esta ocasión diseña etéreos paisajes sonoros, elaborándolos minuciosamente a base de guitarras, batería digital, teclados distorsionados con pedales, osciladores, controladores y programaciones, refiriéndose a sus actos sónicos, “no como canciones, [sino] son construcciones y deconstrucciones de sonidos ambientales así como de estructuras compuestas hace algunos años”.
En esta nueva producción, IonaxS, se vale de las sonoridades post-rock, shoegaze e IDM para pulir cada una de sus “esculturas sonoras”, que se desplazan libremente, ofreciendo nulas posibilidades a la “etiqueta” musical en la mayoría de casos y más bien dando paso a la libre interpretación del oyente, cual obra de arte. 
La intrigante resonancia de “Intro I” te captura en una, las acuáticas y luego ruidosas capas sonoras de “Et qod vis fac”, que van en ascenso hacia el cielo, son realmente delirantes. Ahora detengámonos en “Sepias”, donde Rivas, construye una elegante pieza electrónica, idónea para evocar los enigmáticos paisajes de las profundidades marinas, de ahí podemos pensar el porqué del  título del tema (en referencia a ese género de moluscos, que también se observan en la portada del disco). Donde su mecánica ambientación inicial va desvaneciéndose para dar paso a unos sugestivos teclados, cuál hilo conductor, dirigirá todo el trayecto sonoro de la pieza, sobre el que se irán sucediendo, cajas de ritmos, loops, bajo, beats y demás artilugios, finamente labrados por el músico. Que también incluye por instantes cierto coqueteos con el “house”.
La somnífera “Óxido”, con sus sonoridades cuasi mantra,  nos remite nuevamente a los paisajes marinos, para luego desencajarnos con el ruidismo de la bizarra “Serpientes”, entonada fantasmalmente por Rivas, sumándose como un instrumento más. Las murallas de distorsión de la astral “Umbral”, nos pone en trance, mientras que “Oculus” ofrece lo más inclasificable de la obra, pareciera solo la captura de un ambiente y sus diferentes sonidos que transitan. “Anábasis”  merced a sus distorsiones y guitarras ensoñadoras, nos otorgan momentos de onírico shoegazing.             
Las envolventes cuerdas de “Pachitea” resultan como menciona su compositor, “terapéuticas”. De la misma forma la secuencia cíclica de “Astra”, mientras que las extrañas “Psicoplasma”  y “Sauces” calzan perfectamente con la referencia, “contaminación sonora”, al que IonaxS describe algunos de sus temas (“Oculus” también podría entrar aquí). Finalmente en “Outro S”, Rivas juega con sus aparatos electrónicos al ensayar sonidos orientados hacia el IDM.
Estamos ante una de las creaciones más paisajistas y abstractas del músico, que necesitamos examinarla varias veces para poder apreciar en toda su magnitud su gran valía.    
      

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