viernes, 29 de agosto de 2014

ECHO AND THE BUNNYMEN: EN BÚSQUEDA DEL BIEN ESQUIVO

METEORITES
ECHO AND THE BUNNYMEN
429 RECORDS (2014) 
Durante el primer año de la secundaria, quedé impactado al observar a un grupo de chicos dos o tres años mayores que yo, vestidos de negro, luciendo en sus polos imágenes lúgubres y sombrías de una banda, cuyas figuras calzaban a la perfección con el ambiente grisáceo y frío del invierno limeño era Echo & The Bunnymen, una banda que hasta ese entonces nunca había escuchado.
El flechazo inicial me llevó inmediatamente a pedirle a mi abuelita que me acompañara a buscar material del grupo en la avenida La Colmena (exactamente en la puerta de la Universidad Villareal, que era el punto donde un escolar de 13 años y escasos recursos económicos podía encontrar una copia pirata en los 80s, una zona nada santa para un menor de edad a partir del atardecer). Así fue que en parte la madre de mi progenitora se convertiría en la cómplice de mi romance con los de Liverpool. El recopilatorio Songs To Learn & Sing fue el elegido para inaugurar mi idilio con los Bunnymen.
Ya en casa, el disfrute no pudo ser más sublime, merced a las exóticas sonoridades de “A Promise” y “The Cutter”, la tenebrosidad melancólica de “The Killing Moon”, el rock’n’roll psicodélico de “The Puppet” y “Do It Clean”, el elegante pop orquestal de “Silver”, la delicadeza de “Seven Seas”, la yuxtaposición sonora de “Never Stop” y la nostalgia ensoñadora de “Bring On The Dacing Horses”, sin duda la sideral (y por ratos arabesca) guitarra de Will Sergeant y la épica y fantasmal voz de Ian McCulloch, se erigían como los estandartes de la obra del grupo. El álbum sencillamente me hizo experimentar inéditas sensaciones. Echo & The Bunnymen había llegado a mi vida, con su deslumbrante post-punk neopsicodélico, para quedarse por siempre.
Will Sergeant  13/10/10 en BsAs
Mi romance con los Bunnymen, tras años de incertidumbre luego de la partida de su vocalista Ian McCulloch (1988), la muerte de su gran baterista Pete de Freitas (1989), el intento de continuar siendo un remedo de ellos mismos, con un nuevo vocalista -Reverberation 1990)-, y su espectacular retorno con los tres miembros originales en 1997 con el álbum Evergreen, llegaría a su clímax el miércoles 13 de octubre del 2010, cuando por fin pude verlos en vivo en Buenos Aires, Argentina. Aquella gloriosa noche, como parte de su gira The Fountain, Echo nos ofreció un “Songs To Learn & Sing” más otros clásicos temas, como “Going Up”, “Zimbo”, “Villiers Terrace”, “All That Jazz” “Nothing Lasts Forever” o “My Kingdom” cerrando con una extensa versión de “Do It Clean”, canción que no la tocaban en vivo por años.
Ian McCulloch 13/10/10 en Bs As
Echo & The Bunnymen tuvo todos los méritos para ser considerada una mejores bandas de la música contemporánea sobre la tierra, sus producciones fueron superiores a lo hecho por gente como U2, pero la gloria le resultó esquiva, conformándose con su aura de banda de culto, ajena al éxito comercial. 
Este año Echo & The Bunnymen, nos presenta Meteorites, que a diferencia de su predecesor,  sus empresarios han optado por darle mayor promoción, gracias al auge de la redes sociales y sitios de música en línea, apariciones en la Tv americana como en el famoso programa de David Letterman, y   recurriendo también al merchandinsing, a fin de que este buen álbum no pase desapercibido como The Fountain. Anhelando también llegar a más gente en el globo, conquistar nuevos seguidores que se interesen por escarbar en el majestuoso pasado de la banda y encuentren en ella razones más que suficientes para considerarla entre sus favoritas.
METEORITES
El haber tenido una para discográfica de cinco prolongados años, a pesar de una respetable actividad en lo que se refiere a presentaciones en vivo y producciones paralelas de sus integrantes -Will Sergeant con Poltergeist y Ian McCulloch con su álbum orquestal Holy Ghost- así como el contar con la participación del bajista de Killing Joke, Martin “Youth” Glover en la producción del nuevo material, hicieron crecer la expectativa alrededor de este nuevo álbum de los Bunnymen, el décimo segundo en su extensa carrera. A todo esto sumarle las consabidas declaraciones de su vocalista -conocido por ser “Mac The Mouth”- ante la salida de cada nuevo disco de los Bunnymen, que ya suenan a cliché: “lo mejor desde….” Y es que este tipo de comentarios por parte de McCulloch, cuenta con antecedentes remotos, cuando en 1997 salió Evergreen, y lo señaló como “lo mejor desde Ocean Rain”, en esa ocasión acertó. En el 2009 antes del lanzamiento de The Fountain volvió a repetir “lo mejor que hemos hecho desde Ocean Rain”, una exageración. En esta ocasión ha manifestado que Meteorites es un “álbum creado con el alma…el mejor disco de la banda en mucho tiempo, a la altura de Crocodiles, Heaven Up Here., Porcupine y Ocean Rain…me ha cambiado la vida” ¿le creemos esta vez?
Reducidos a dúo desde la partida del bajista Les Pattinson en plena creación de What Are You Going To Do With Your Life (1999) -para atender la salud de su madre y cansado de maltratos, como el ganar un sueldo menor al de músico de sesión - el protagonismo sonoro se reparte entre los múltiples efectos de guitarra de Will y la voz de Ian, cumpliendo un papel notablemente superior al realizado en The Fountain, quienes han sabido suplir con su talento a lo largo de todos estos años, la ausencia de la portentosa base rítmica que impregnaban Pattison y De Freitas al sonido de la banda.
Aunque sin llegar a ser un disco sorprendente, Meteorites ofrece razones de sobra para disfrutarlo al máximo. Gracias a su emotivo y brillante sonido edificado sobre los majestuosos arreglos de cuerdas y la épica voz de su cantante, creando diversos parajes sónicos que permiten la convivencia de sensaciones tan disimiles como la nostalgia, la esperanza o el misterio.     
Las delicadas y dolorosas cuerdas iniciales de “Meteorites”, cuyos desgarradores crescendos combinándose con los sonidos lamentosos del teclado y la angustiosa y a la vez fantasmagórica voz de McCulloch, crean un impresionante ambiente dramático, que luego mutará hacia un estallido de sonoridad épica, dibujándonos paisajes ensoñadores que golpean la sensibilidad de nuestras almas. Un comienzo por demás espectacular, entusiasmo que prosigue al deleitarnos con el luminoso pop de “Holy Moses”, virtud a sus cautivantes capas de voces, melodiosas guitarras y pegajoso ritmo. La fascinante “Constantinople” nos lleva de regreso a ese sonido oscuro, en donde góticas, arabescas y distorsionadas guitarras más las múltiples voces de Ian llenando el espacio, termina arrancándonos por ahí algún movimiento de baile, ante el acoso de envolventes ondas sonoras provenientes de diferentes direcciones. Una muestra del mejor Echo neopsicodélico.     
Tras un arranque demoledor, el disco baja sus revoluciones con “Is This A Brekadown?” en donde los Bunnymen exploran sonoridades “alegres”, sin temor a equivocarme jamás visitadas por la banda, saliendo bien librados. Sigue la monótona “Grapes Upon The Vine”, poco para comentar, pero felizmente la endiosada guitarra de Will y la épica voz de Ian, nos trasladan a los oníricos parajes del Ocean Rain, con “Lovers On The Run”. Tema que con gran tacto fue elegido como single promocional del álbum, antes de su lanzamiento. La sombría balada de rigor llega con la emotividad ralentizada de “Burn It Down”. Más pop edulcorado y efectivo vendrá con “Explosions” y por ahí algunos “chispasos” de la guitarra de Sergeant. Mientras que la extensa “Market Town” y sus variadas sonoridades de guitarra (wah wah a por mayor) se asemeja a lo hecho en su epónimo álbum del 87 y al Evergreen (97). Reducirle 1 o 2 minutos a la pieza la hubiera hecho perfecta, pues los repetitivos minutos finales se vuelven algo sosos. Llegamos al final, con la melancólica y paradójicamente relajante “New Horizons” y sus alucinantes atmosferas sonoras, colindante con el shoegaze, una belleza de canción que le pone un lindo final a este buen álbum.   
Pete de Freitas, Les Pattinson, Ian McCulloch, Will Sergeant (1980)
¿Meteorites está a la altura de sus cuatro emblemáticos álbumes? Creo que no alcanza. Desde su retorno, la banda nunca ha podido retomar la divinidad creativa de sus álbumes ochenteros, que de sobra – y nuevamente lo afirmo- lo sindicarían como la mejor banda del planeta. Sin duda Echo And The Bunnymen es una de las bandas menos valoradas que han salido del Reino Unido. A pesar de ser una referencia obligada de los 80s y una banda cuya obra influenció en muchos actos sonoros que aparecieron posteriormente. Con esto no estoy afirmando que todo lo realizado desde Evergreen en adelante no sirva, salvo el descolorido Flowers del 2001, es más estoy convencido que la banda se ha esforzado por mantener una propuesta fresca y honesta, al no intentar sacar un “Ocean Rain 2” o “Porcupine 2” o temas que suenen a “The Killing Moon” o “The Cutter”. Nunca ha intentado el “refrito” ni el copiarse a ellos mismos. Todos esos álbumes pertenecientes a su segunda etapa, han superado el promedio 7/10. Demostrando con transparecnia sus dones.  
Meteorites es uno de los mejores discos de su carrera desde su retorno, muy cerca a  Evergreen y What Are You Going To Do With Your Life?, mostrándonos a unos Echo en vigencia, para nada anacrónicos. Algo de lo que no podrían jactarse muchos vejestorios con fama y dinero que se resisten a morir, además de no presentar una sola producción decente en décadas. Meteorites, es sin duda uno de los mejores lanzamientos del año.   
     


  

sábado, 16 de agosto de 2014

MORNING PHASE: UN NUEVO AMANECER PARA BECK


"No soy Kurt Cobain"

MORNING PHASE
BECK
Capitol Records (2014)
La existencia de Ben Hasen dentro de mi mundo sonoro había pasado desapercibida desde los lejanos tiempos del  Sea Change (2002) o épocas más remotas como la de su joya noventera Odeley (1997). ¿Quién es Ben Hansen? El creador de uno de los mayores megahits de la historia pop, “Loser”, ¿ya te acordaste? Exacto, se trata de Beck, que este 2014 está de vuelta con Morning Phase su primer disco en seis años, donde exhibe un sonido que oscila entre el folk, country  y lo etéreo, logrando ambientar una increíble atmosfera intimista.
Además de su sorprendente álbum retorno, Beck terminó por captar nuevamente mi atención, gracias a su apoteósica presentación en el reciente festival de Coachella, iniciando su show  con las demoledoras “Devil’s Haircut” y “Loser”, haciéndome revivir aquellos felices momentos noventeros, renovando mi romance con su singular música. Pero volviendo a Morning Phase, este no tiene nada que ver con el estilo desarrollado por Beck en los noventas, sino como él mismo lo ha manifestado, es una prolongación o “acompañante” de Sea Change, donde ensoñadoras capas de folk son decoradas por arreglos orquestales, que sirven como el fondo musical perfecto para sus melancólicas y taciturnas liricas, quizás influenciadas por la para forzada que sufrió a raíz de una lesión en la espalda, tiempo que aprovechó para reflexionar sobre un mundo en decadencia y desarrollar sonidos tan introspectivos y sombríos.
BEK DAVID CAMPBELL=BECK HANSEN=BECK
Bek David Campbell nace el 8 de Julio de 1970 en Los Ángeles, California. Hijo del músico de blues, director y arreglista orquestal David Campbell y la artista visual, Bibbe Hansen quien fue miembro activa del movimiento de Andy Warhol. Sus padres se separan cuando él tenía 10 años de edad, quedándose con su madre y hermano en L.A. al marcharse de su casa para iniciar “su vida”, reemplaza su apellido paterno por el materno y le agrega una “c” a su nombre. Siendo un adolescente, Beck se vuelve un músico callejero, con apenas 19 años se marcha a New York, donde vive publicando folletos de poesía underground y se une al movimiento anti-folk. Todo este bagaje cultural lo vuelca hacia sonoridades punk-rock y hip-hop, creando alucinantes collages sonoros, siendo testigos de sus primeros atrevimientos musicales, lugares como  el Raji’s, Al’s Bar o Jabberjaw. Beck había producido para esa época una regular cantidad de demos, inspirados en sus fracasos laborales, chicas o cualquier cosa que emprendiera, experiencias que se plasmarían en su éxito “Loser”, en donde además exhibiría su español malhablado, adquirido de sus tratos con amistades de origen latino.
De vuelta en Los Ángeles, Beck busca hacerse un nombre dentro de la escena tocando en diferentes bares, es así que Margaret Mittleman de BMG lo llega a descubrir y lo pone en contacto con la gente del sello Bongload, quien a su vez le asigna a Karl Stephenson como productor, trabajando el tema “Loser”. El éxito sería inmediato y la transnacional Geffen Records lo ficharía, lanzando Mellow Gold. El resto de la historia ya es conocida.     
ANTES DE LA FASE MAÑANA
Los orígenes del Morning Phase, se remonta al 2005 cuando el músico empezó a grabar material para un futuro álbum en Nashville, pero éste estuvo flotando por allí durante un par de años hasta que en el 2012 Beck retomó al proyecto, lanzando dos singles: “I Just Started Hating Some People Today” y “Blue Randy”. De esas sesiones saldrían “Blackbird  Chain”, “Country Down” y “Waking Light”. Comenzando el 2013, la estancia en su natal Los Ángeles, le serviría de inspiración para componer y grabar más temas, además de contar con el apoyo de su padre David Campbell, en los arreglos orquestales, quien ya lo había hecho en Sea Change.  Se cuenta que Beck demoraría tres días en terminar el álbum; se sabe también que algunas de las sesiones fueron grabadas en la casa de Jack White.    
Presentado como un “compañero” de Sea Change, Morning Phase guarda mucha relación con el disco del 2002, por ejemplo se ha agrupado nuevamente a casi la misma formación que participaron en esa jornada, así como el mostrarnos un sonido cálido pero a la vez triste, y es que el primero de ellos estuvo influenciado en una época difícil para Hansen, la de su divorcio, y en esta nueva, tras su periodo prolongado de discapacidad para a ofrecer shows. Es así que las sonoridades acústicas, ralentizadas y de gran carga emocional del disco, son testimonio de aquella etapa, dejando de lado la disparidad musical tan característica de su obra, así las liricas absurdas. Ahora siguiendo con su estirpe camaleónica, Beck retorna a aquel sonido intimista y desnudo, aunque no tan sombrío del Sea Change, sino irradiando algo de luminosidad etérea en esta ocasión, pues el momento del escapar del aislamiento había llegado, el iniciar un nuevo amanecer, dejando que la luz del sol ingrese por la ventana y descomponiendo sus partes a través de los trece temas que forman el disco.
MORNING PHASE
Algunas canciones del álbum nos remiten a Nick Drake y  a lo realizado por otros íconos durante los 60s como The Beatles (en Abbey Road), Byrds o Simon & Garfunkel, ofreciendo un sonido que ofrece una sensación de desamparo y soledad, merced a su intensidad acústica, a pesar de los arreglos orquestales –que si bien no acaparan la atención, sí incorporan elegantes fondos musicales-donde la voz de Beck, suena lejana y con eco, envuelta en melodías de añeja psicodelia. Morning Phase suena mágico, ensoñador, de serenidad inquietante, donde cada canción es una invitación a escuchar la siguiente, sobresaliendo “Morning” y “Wave”, cuya música se convierte en un perfecto soundtrack para apreciar cuando los primeros rayos del sol caen sobre la naturaleza.
La majestuosidad sonora de la breve e instrumental “Cycle” es tan apoteósica como cuando rompe el alba, dándonos una idea clara de hacia dónde irá la música del álbum.  De inmediato sin pestañar sigue otra joya, la preciosa “Morning”, es Beck sacudiéndose de la pereza para ponerse de pie, abrir las cortinas y dejar que la luz del sol ingrese a la habitación,  dicha escena es dibujada por las guitarras acústicas, ligeras reverberaciones, piano, sintetizadores y la voz de Hansen por todo lo alto.  La delicada “Heart Is A Drum” luego de un reposado inicio, va aumentando en revoluciones de sonoridades etéreas,  otra maravilla de tema. En “Say Goodbye”, el músico exhibe de manera sencilla, su lado folk, matizándolo con efectos que vienen y van, llegando a coquetear con la psicodelia.   “Blue Moon” es una canción que a pesar de su apesadumbrada lirica, resulta delicadísima, cuya sonoridad blusera y psicodélica gira en espiral, sonando por momentos espacial. Otro gran tema del disco.  En “Unforgiven”, David Campbell presenta peculiares y envolventes arreglos sinfónicos para que la voz de Beck transite  a melancólico placer.
La segunda parte del disco se inaugura con la impresionante y épica “Wave”, retomando sonoridades de la pieza instrumental inicial,  alcanzando la voz de Beck niveles imponentes, emergiendo por sobre los arreglos de cuerdas, llegando esa unión de voces y arreglos orquestales a otorgarnos momentos por demás emotivos. Ese melodrama sonoro se  semeja por momentos a un mantra religioso. La guitarra acústica de “Don’t Let It Go” prosigue con ese clima de tranquilidad impuesto para este álbum, por esa misma senda va “Blackbird Chain” y sus atmosferas “beatles”.   La instrumental “Phase” y su magistral orquestación nos lleva al cielo, mientras que en “Turn Away” la sonoridad del tema anterior se va desvaneciéndose para irrumpir envolventes sonidos a lo Simon &  Garfunkel, logrando una belleza elemental, colocándose como la mejor muestra cuando nos referíamos a folk-etéreo. La pedal steel y la armónica en “Country Down” se encargan de  dibujar cálidos paisajes. Finalmente la espacial “Walking Ligth” pone un inmejorable epilogo para esta gran obra.
Beck en Coachella
Morning Phase es un disco que de manera tranquila, plácida y pausada, asimila la adversidad para confiar en el futuro de un nuevo día, donde la melancolía luce relajada y resignada, cuya tristeza no deprime, y su belleza radica en su delicado equilibrio sonoro, no en vano Beck declara en sus primeras palabras “Me desperté esta mañana. Encontré una luz de amor en la tormenta”.
Estamos pues ante un trabajo homogéneo que a pesar de no moverse por ningún instante del curso planteado desde el principio a lo largo de sus 47 minutos de duración, las canciones fluyen de manera impecable. Un segundo disco ha sido anunciado también para este año así que estaremos a la espera y ver si Beck retorna a su variopinta sonoridad. 
 

jueves, 14 de agosto de 2014

JAMES EN LIMA: LA FRUSTRACIÓN LLEGÓ A SU FIN



Miércoles 30 de marzo del 2011, a pesar que disfrutaba del show de U2 en el estadio único de la Plata, en Argentina, no podía dejar de experimentar cierta frustración al saber que esa misma noche James ofrecía un concierto en Lima. La banda inglesa que con su majestuoso Seven  me había acompañado durante mi último año de la secundaria. Aquella que me hacía delirar y ensayar desenfrenados pasos de bailes, tratando de imitar a su vocalista Tim Booth, al compás de canciones tan celebres como “Born Of Frustration”, “Ring The Bells”, “Sound”, “Bring A Gun”, “Laid” o “Sometimes”. La herida estaba abierta y no podía cicatrizar al pensar que no volvería  a presentarse  semejante oportunidad. Felizmente el pasado martes 5 de agosto, James estuvo nuevamente en Lima, y a decir de muchos de los que estuvieron en los dos recitales, éste superó al primero, y por fin la angustia que me acompañó por largos tres años, llegó a su fin.
A las 8 en punto de la noche, bajo un intenso frío invernal, provocado por la cercanía del local a playas Chorrillanas, James hizo su aparición en el escenario del gran estelar de la “renovada” Feria del Hogar. La formación, la misma que la del legendario Seven y que volvió a reunirse para grabar su reciente álbum La Petite Mort, con Tim Booth (vocales), James Glennie (bajo), James Gott (guitarra), Saul Davies (guitarras, violín, percusión, coros), David Bayton Power (batería), Mark Hunter (teclados) y el  esperadísimo trompetista Andy Diagram, carismático personaje cuyo instrumento es uno de los artífices sonoros del cautivante sonido que lució la banda a inicios de los noventas.
 “Frozen Britain” extraída de su último álbum, fue la encargada de abrir la noche, pero  recibida con algo de tibieza por parte del público, pero éste se enganchó de inmediato al escuchar los primeros acordes de “Ring The Bells”-conexión que no se perdería hasta el final del show- mención aparte, los excelentes equipos que acompañaron a la banda, que lograron que el sonido luciera impecable y que algunos irónicamente comentáramos “¿a qué hora sacan el disco?”  o “¿cuándo terminan con el playback?”. En un nivel superlativo estuvo la voz de Tim, la cual permanece intacta, realmente increíble al interpretar “Say Something”, tan magistral como escucharlo en el stereo. Además señalar la entrega literal en cuerpo y alma del cantante a su público en este tema (y a lo largo del concierto), al descender del escenario superar las barreras de protección y cantarlo en medio de una eufórica fanaticada. “Born Of Frustration” y esos “uh-uh-uh-uh-uh….” coreados a más no poder por el respetable o el encore acapella ensayado por el público en “Sometimes” (animado por los integrantes de la banda), manifestaban claramente la empatía existente entre James y sus fans.  De los nuevos temas (que fueron una buena cantidad), la promocionada “Moving On”  y “Curse Curse” fueron las que más entusiasmaron a los asistentes.
Entre otros temas para destacar de la noche, está la retorcida y atronadora “Jam J” de su disco Wah Wah, resultando un golpe certero para nuestros sentidos. “Come Home” con sus delirantes teclados y trompeta, de la mano con el efecto wah wah de la guitarra, nos transportó hacia aquella magistral etapa del pop-rock británico entre finales de los 80s e inicios de 90s. El fin se iría acercando con la festiva “Laid”, la emotiva “Getting Away With It” en donde Tim nuevamente se “entregó” al público que lamentablemente no supo aprovechar  la ocasión, al dejarse llevar por el desenfreno, llegando a  incomodar al cantante que no tuvo mayor reparo en retornar al escenario. Para mi suerte, alcancé a tocarle la mano derecha, cuando los fans lo “levantaron en peso”.
Al final, James nos hizo elegir entre “Tomorrow” o “Sound”, ejecutando la primera, de una manera magistral, despidiéndose entre aplausos y suplicas de una canción más por parte de sus seguidores, con un generoso Tim Booth levantando los brazos y agradeciendo el cariño recibido. James no regresaría por el “encore” final.
A pesar de dejarnos con la miel en los labios, James ofreció una presentación memorable, de aquellas que ansiamos nunca terminen, que nos trasladó hacia nuestros mejores recuerdos y nos despojó por un momento-que pareció eterno- del presente. ¡Gracias Tim y James! Por hacer que mi frustración termine.